sábado, 28 de diciembre de 2013

El invierno, una catástrofe natural repetitiva de duración predeterminada.


Cuando se nace y se crece en Colombia, es difícil imaginarse las estaciones. Uno las aprende en la escuela primaria, hasta tienen la indecencia de enseñarnos las fechas de los solsticios y los equinoccios, pero uno nunca practica esas cosas.
La verdad es que, para mi las estaciones eran como un cuento, una leyenda, algo que hipotéticamente existía, y que mi papá me explicó una vez con un balón y una lámpara, el mismo día que me explicó por qué cuando en Colombia era de día, en China era de noche, y por qué los australianos no se caían de la tierra sabiendo que estaban en la parte de abajo. Fue una de las veladas más interesantes de mi infancia (después de la noche en que Yorka, la perra pastor alemán de mi abuelita, crió 14 cachorritos y yo hice de enfermera toda la noche).

La primera vez que vine a Francia, el invierno fue una aventura, como un paseo "¡ay si! ¡vamos a conocer la nieve!", sólo estuve un mes y medio y sinceramente, no pensé que fuera tan insoportable. Esta vez, es mi tercer invierno, y sinceramente, cada día me digo más "yo no sé como hacen...no sé cómo hacen para vivir aquí".  Y créanme, me han dicho que hay peores, que acá es calientito, que acá hace mucho sol comparado a Noruega o Suecia... yo sinceramente pienso que a las regiones de la tierra fuera de la zona intertropical... les dieron por culo. No pudieron tener peor suerte, se las papearon, se los pasaron por la galleta, los estafaron con las bendiciones de la madre naturaleza. Yo no entiendo, yo siendo una mujer de las cavernas hacía rato que me hubiera instalado en el sur con mi familia, nunca se me hubiera ocurrido construir una civilización entera en este mierdero de lugar que es Europa durante el invierno. Habría emigrado. Pero bueno, quien sabe que otras realidades afectaban a los pueblos de esas épocas, y para no pasar por ignorante en historia, me limito entonces en este mensaje a escribir, todas y cada una de las cosas que detesto, que odio del invierno y veré si puedo encontrar algunas que me gusten:

LO QUE DETESTO DEL INVIERNO

Categoría 1: Problemas relacionados con la luz.
  • La falta de sol. Es lo que más detesto. Acostumbrada toda mi vida a que el sol sale a las 6am y se entra a las 6pm, me parece inconcebible que sean las 8:30am y el sol no se haya dignado salir. De la misma manera, me parece desesperante que a las 5pm ya sea de noche.  Que estafa de día. 
  • La falta de intensidad del sol cuando está presente: El sol acá en invierno es perezoso, es un ente que no se digna a calentar, no tiene berraquera. Calienta sin ganas, es débil, no parte un huevo a los martillazos, está desganado, tiene parásitos, no sé que le pasa, pero cuando alumbra... su tibieza, no se compara al sol de las mañanas cerca a la línea del ecuador, un sol que lo espabila a uno, que lo baña en serio, que lo saca de debajo de las cobijas más fácil. Así, que en conclusión, para mí el sol en invierno es "tras de gordo, hinchado" porque fuera de que llega tarde a trabajar, y se va temprano, trabaja sin ganas. 
Categoría 2: Problemas relacionados con la temperatura.

El frío: En los dedos de las manos, en la cara, en la cabeza, bajo la cobija cuando entro todas las noches, y fuera de ella, cuando tengo que salir por las mañanas.  El frío genera las siguientes incomodidades.

  • El frío me hace contraer un poco el cuerpo, y a mi que me encanta estar relajada, de manera que cuando duermo estoy un poco contraída. A mi me gusta dormir explayada y relajada, apropiarme de toda la cama, estirarme, pero no puedo, porque ya me es difícil calentar mi rinconcito. 
  • La misma contracción corporal, me impide menear las caderas cuando camino en la calle. No es que sea indispensable, pero me gusta caminar relajada, y una consecuencia de eso es que uno menea la cadera. Pues bien, cuando la cadera está congelándose, las piernas caminan más rectas, los pasos se dan más rápidamente, y finalmente, se pierde el feeling del caminado "cool", o es más difícil mantenerlo.
  • El frío me hace vestirme y desvestirme 40 veces por día: Porque cuando salgo de mi casa, tengo que ponerme un abrigo, una bufanda, un gorro. Camino 5 minutos, me subo al bus, que está climatizado (¡gracias a dios!), entonces me sofoco con toda la ropa que tengo encima. Trato de aguantar, pero si el trayecto es largo, termino por quitarme el gorro, la bufanda, y hasta el abrigo. Y luego, salgo de nuevo, camino 10 minutos, me visto, entro a la oficina, me desvisto, salgo de la oficina al corredor para ir al baño, me visto, vuelvo a entrar, me desvisto, voy a almorzar, me visto, entro a la cafetería, me desvisto... etc, etc. No saben la falta que me hace vestirme por las mañanas y todo el día tener la misma ropa, a lo máximo me visto una vez (me pongo un saquito ligero, que no ocupa espacio en el bolso), a eso de las 7pm, para salir de la universidad o del trabajo. Una consecuencia de esa vestidera y desvestidera, es que finalmente uno termina olvidando guantes, bufandas y gorros por todas partes. 
  • El frío hace que la ropa huela mal: Si, dado el caso,  decido esperar en el bus sin quitarme el abrigo, entonces cuando termino la jornada, huelo mal, claro, porque empiezo a sudar bajo las treinta capas de ropa. Luego salgo al frío, el sudor se congela, luego regreso al calor, vuelvo a sudar... y entonces después de haber sudado todo el día y cambiado de temperatura tantas veces, he descubierto olores de mi cuerpo que antes me parecían inimaginables. En Colombia, bastaba con echarme desodorante una vez al día, pasaba todo el día haciendo cosas, y al final del día mi ropa olía a desodorante, incluso si había corrido detrás del bus o había aguantado calor. El experimento olfativo diario para verificar el estado de limpieza de la ropa se convierte en un deporte de alto riesgo, con probabilidad de pérdida de consciencia. Nunca pensé que de mis axilas pudieran salir semejantes demonios luego de meterme bajo tres sacos y montar 10 minutos en bicicleta hasta la estación de metro.
Así, y sin ánimo de exagerar, la falta de sol es una tortura psicológica, y el frío es una tortura física, diaria, durante varios meses. Esas dos cosas se convierten en ejes fundamentales de las actividades de la semana, uno se pasa el tiempo huyendo del frío, y buscando el sol, como un alma en agonía. 
En Colombia, frío y sol eran dos cosas en las que pensaba poco. Pero bueno, en Colombia uno piensa mucho más en otras cosas, por ejemplo en plata, o en su seguridad. Si, seguridad, y aquí el recuerdo de la voz de mi mamá diciendo: "vea, si va a coger un taxi, que sea pedido, ¡no salga sola a las 11 de la noche muchachita!". Y la voz de mi papá diciendo: "Una mujer sola a las 10 de la noche en el centro ¡estás dando papaya!". Yo aquí hace mucho rato no pienso en eso (en plata sigo pensando jejeje), pero bueno, eso es harina de otro costal. 

Es aquí cuando llego a la reflexión de que hay cosas que me gustan del invierno, pocas, si, pero las hay, y con el paso del tiempo, cada vez voy apreciando un poquito más ciertas cosas.


LO QUE ME GUSTA DEL INVIERNO

  • La nieve: Es tan fría si, pero... es tan bella, es... magnífica, ¡es hermosa la nieve! Es tan.. romántico cuando nieva... su textura, su color, me quedo corta de palabras para describir el placer que me produce ver y sentir ese cliché. Pero es en serio, si hay algo lindo del invierno, es la nieve. Los deportes de invierno son también super lindos, yo no los hago muy bien, pero cuando intento hacerlos, caerme sobre la nieve es una de mis partes preferidas. 
  • La ropa: Uno se viste con más clase. Abrigos, botas, botines, medias veladas, bufandas de colores, gorros, guantes. Vestirse en invierno es un juego. Es jugar a verse sexy y elegante a pesar de querer protegerse del frío con ropa de esquimal.  Lo que más me gusta es que , gracias al invierno, descubrí que las medias veladas son magníficas, y no son sólo un accesorio de secretaria de oficina o de primera comunión.  Me volví fan de las medias veladas negras, con líneas, en red, cruzadas, con moñitos, putonas, a media pierna... es muy fácil ser femenino con un par de medias veladas. Todo un descubrimiento.  
  • La fondue: La "fondue savoyarde" (con quesos), y la "fondue vigneronne" (con carne cocida en vino) son mis preferidas. Es una comida de invierno. Y afortunadamente es sólo de invierno, sino estaría obesa. 
  • Los hobbies: Como consecuencia de no tener ganas de salir, para matar el aburrimiento aprendí a tocar el piano, la guitarra, a coser pantalones, a hacer malabares, a preparar pan, e intensifiqué mis horas de curso de baile, el invierno es la cuna de los talentos escondidos.
  • Cuando se acaba. Cuando el invierno se acaba, y sale el sol, y hace bonito día, y los arbolitos florecen,  todo el mundo sonríe en las calles y eso se siente, se siente la alegría de vivir contagiarlo todo. Algunas veces en Colombia, a causa de tener el sol a diario, a uno se le olvida apreciarlo, y a uno se le olvida esa alegría simple. 
Fin de la queja. 


miércoles, 27 de noviembre de 2013

El "inexpresionismo" francés. (C'est pas mal/ No está mal)


Tengo la teoría, de que los franceses en su cultura, poseen una incapacidad generalizada para expresar su emociones tal y como llegan, en cambio, tienen la costumbre de expresar todo con matices. Me explico con dos ejemplos:

Ejemplo 1: Mi amiga A y yo estamos en la calle y esperamos a mi amiga B. Estamos a -10ºC. Mi amiga A comenta: "Oh lala! il fait pas chaud!" (Uy! ¡no hace calor!). 


Ejemplo 2: Para el cumpleaños de mi amiga C, alguien trae un tarta de fresas, melocotones, crema de nueces y nata, con un poco de chocolate rallado. La tarta proviene de la mejor repostería de Rennes. Cuando abrieron la caja de la tarta, el olor impregnó toda la habitación dejándome aletargada (si han visto Ratatouille, yo hice la cara del ratoncito obeso). Todos empezaron a comer. Mientras probábamos la tarta, alguien comentó: "C'est pas mal..." (No está mal...). 


Veamos mi punto de vista para el Ejemplo 1 y el Ejemplo 2: 

En el ejemplo 1, yo traigo un jean, una camisilla, una camisa, un saco de polar (un tejido que protege bien del frío), un abrigo, guantes rellenos de polar, un gorro de lana, una bufanda de lana, zapatos forrados por dentro con pelaje sintético y medias veladas de lana. (si hubiera tenido calzones de lana hechos en croché por mi abuelita, me los hubiera puesto también). Sin embargo, a pesar de toda la vestimenta, todo mi cuerpo está contraído, el viento toca mi cara como si la estuviera poniendo contra un pedazo de hielo, y esa sensación me produce dolor, pero no lloro, no por valiente, sino por miedo a que la lágrima se me congele en el lagrimal. La única cosa que estoy pensando en ese momento es: JUEPUTA, ¡¡¡ME CONGELÉ EL CULO!!!. Pero por decencia, y puesto que si digo groserías en español a un francés, de todas formas no me va a entender, exclamo de la manera más honesta: Il fait froid! (¡Qué frío hace!)

En el ejemplo 2, se trata realmente de una excelente tarta. Yo meto un pedazo en mi boca, siento la crema, la nata, las fresas, la masa de la pasta de la tarta que tiene mantequilla y harina y está crujiente. Es tal vez, una de las mejores tartas que he probado en mi vida. Una parte de mí fantasea con una casa como de Hansel y Gretel construida con esa tarta, me imagino niña, saltando de un lado a otro de esa casa y dándole mordiscos a las paredes, luego cantando "si las gotas de lluvia fueran de caramelo...¡me encantaría estar ahí!" Y entonces, obviamente no empiezo a cantar la canción en serio, pero dejo salir un sonoro "mmmm" que expresa el placer que siento, seguido de un "c'est délicieux!" (¡qué delicia!).

Cuando expreso mi desconcierto ante tal contraste, los franceses sonríen y me explican que ellos son muy diplomáticos para evitar herir susceptibilidades. Sin embargo, dicha estrategia es totalmente impráctica en ambos ejemplos:  

En el ejemplo 1, nadie es responsable del tiempo, creo que a la madre naturaleza sinceramente le importa un culo respecto a las opiniones de un pobre mortal con respecto al tiempo, y dado que los franceses son conocidos por su falta de dogmatismo, dudo mucho que su comentario sea una estrategia para evitar herir los sentimientos de la madre naturaleza. 

En el ejemplo 2, al contrario, ¡se trata de un cumplido! Si yo fuera la pastelera, me encantaría escuchar como se retuerce la gente de placer mientras se come mi tarta, la cual pude haber pasado horas preparando! (en mi caso que no soy pastelera, es seguro ¡sobre todo por la decoración!). Un simple "no está mal..." es una limosna como cumplido. 

Así que bien, he llegado a una teoría: Culturalmente los franceses son incapaces, por lo general, de expresar por una vía directa sus sentimientos, son una cultura diplomática, retórica, mesurada en sus emociones. Dicha característica trae consigo una gran ventaja y una gran desventaja (¡He aquí los TRADE-OFFS de la cultura Francesa! ):

VENTAJA: Tanta diplomacia, permite expresar lo que uno piensa más libremente. Es cierto, se hieren menos susceptibilidades, se es más racional. Por lo tanto, es más fácil llegar a un acuerdo entre diferentes personas que tienen diferentes puntos de vista. Ésta diplomacia hace de los franceses una cultura organizada, al menos más organizada que la cultura colombiana. De hecho, los colombianos, como expresamos todo, tal y como viene, somos tan emocionales que terminamos una discusión política en gritos y amenazas de muerte. Difícil ponernos de acuerdo en cuanto a política se refiere, difícil hacer acuerdos. Vivimos agarrados de las greñas, por así decirlo (o caricaturizarlo).  Un francés promedio, está culturalmente mejor dotado para decirle a su contrincante que sus ideas le parecen una completa basura, sin que por ello su contrincante se sienta ofendido, o una discusión en la mesa se convierta en una pelea. Bravo por eso, se logra organizar sociedades con eso. 

Así mismo, en momentos dolorosos, debe ser bastante práctico mesurar los malos sentimientos. La muerte de un familiar querido, por ejemplo, podría impedir a una mujer francesa llorar como una Magdalena frente a sus hijos, y evitar transmitirles de manera más intensa ese dolor. Miremos un velorio colombiano típico y veremos que normalmente sale uno más perturbado de lo que entró. 


DESVENTAJA: No todo es color de rosa. La incapacidad de expresar a llama viva todo lo que se siente, hace matizar también las emociones positivas. Estas emociones positivas se viven tal vez con menor intensidad, o son mesuradas. Y entonces no me parece sorprendente que haya más casos de suicidio en Francia que en Colombia, y que nosotros, a pesar de la violencia, la corrupción y las drogas, seamos personas en general más alegres, vivimos el día a día con más gusto. 
Pero bueno, sin ir más lejos, pienso yo que esta manera de ser apaga fácilmente las cosas extraordinarias de la vida y las convierte en cosas del día a día, anula toda capacidad de asombro y conmoción. Que encontramos un trabajo perfecto tal y como lo estábamos buscando (C'est pas mal! / ¡No está mal!), que vimos un grupo de 200 delfines en un crucero entre Córcega y Cerdeña (C'est pas mal! / ¡No está mal!), que nos ganamos la lotería (C'est pas mal! / ¡No está mal!)?!!!.  Pensemos ahora en cosas más normales y cotidianas, a las que la mayoría de la gente tiene acceso: Una buena película, un buen libro, una buena sesión de sexo salvaje. (C'est pas mal! / ¡No está mal!)?!!! Me rio a carcajadas de sólo pensarlo.

Presentación y Etiquetas


Este blog es una recopilación de reflexiones respecto a la vida, a la especie humana, a la cultura, a la feminidad y a lo cotidiano. 
Dichas reflexiones provienen de una mujer, joven, bióloga, apasionada por el comportamiento animal y humano, que nació y vivió en Colombia hasta los 24 años y que después de cuatro meses de francés intensivo (cuando antes no sabía ni decir "bonjour"),  fue a parar en Francia para continuar sus estudios. Allí vive hace dos años largos y le han pasado toda serie de cosas. Una parte de ella es la misma colombiana de siempre, de Medellín, montañera y alegre, de buen humor,  la otra, es una persona nueva, es una niña otra vez que descubre el mundo desde los ojos de un extranjero, desde los ojos de un viajero. 

Así pues, este blog cuenta con diversas etiquetas:

- Franceses: Donde se abordan las impresiones de una colombiana sobre la cultura francesa, las reflexiones respecto a la cultura a la sociedad y a la especie humana en general.

- Hombres: Dado que es un blog escrito por una mujer, este tema suele ser blanco de muchas reflexiones. 

- Recetas: Porque a la autora le gusta cocinar, y le encanta comer. Y con esto de viajar siempre aprende cosas nuevas y le gusta compartirlas, y mostrar sus recuerdos y sus impresiones con respecto a la comida.

- Quejas: Cuando la autora tiene mal genio o algo la molesta, utiliza esta etiqueta para desahogar toda su mala vibra respecto a problemas sin solución, como el clima, la lluvia o las personas que huelen mal en los buses, el pan duro, etc. A veces con un toque de humor, claro está. 

- Confesiones: Donde la autora confiesa sin vergüenza sus más oscuras reflexiones y dice las cosas que uno no le cuenta sino al psicólogo, a los amigos de toda la vida o a veces a nadie, ni siquiera a sí mismo. 

Eventualmente, habrá publicaciones en Francés o Inglés, dependiendo del tema tratado (y de las ganas de la autora por enredarse con esas cosas). Y por esta razón, existen etiquetas de las publicaciones por idioma : Español, Français, English.  La autora aclara que no es por dárselas de trilingüe, sino porque le gustaría que sus reflexiones trasciendan entre diversas culturas, y que aunque seguramente sus publicaciones en Francés e Inglés serán de muy mala calidad, ella hará el esfuerzo, con la esperanza de que con la práctica mejore la escritura. 

Confesiones de una adicta.


Hubo una época lejana en mi vida, muy, muy lejana, cuando yo era libre de toda adicción.  Mis únicas adicciones eran los pasteles de arequipe de la tiendita de la esquina junto a la casa de mi abuelita, y rogaba por ellos a mi papá, durante horas, hasta que "lo secaba" y tenía que llevarme a comprar uno. Todavía recuerdo el sabor, la textura, eran pasteles redondos, crujientes, con arequipe por dentro, y ese bordecito azucarado rodeando la masa hojaldrada. Me acuerdo de las harinas sobre el vestido que mi mamá me obligaba a llevar. Me obligaba porque yo siempre odiaba los vestidos en esta lejana época, porque no me permitían montarme a los árboles sin que se me vieran los calzones. Que martirio. 
En fin, en aquella bella época, yo no era adicta a nada más. Un día crecí y me di cuenta de que existían los vicios y adicciones. Yo no encontraba todavía el mío, el internet, tal vez. Por lo demás, no fumo, al menos no cigarrillos y si fumo otras cosas es una o dos veces por año. Bebo en sociedad, y hasta me emborracho de caerme y darle picos a la gente, pero no me hace falta. Jugaba videojuegos por horas, RPG's, Age of Empires II (si, participaba en torneos y le ganaba a mis amigos) y hasta jugaba juegos de rol, pero nunca sucumbí a los excesos típicos del género masculino en cuanto a eso se refiere. Soy más bien poco obsesiva con esas cosas. 

Sin embargo, de unos años para acá, he venido reafirmando que, en efecto, soy completamente adicta a los hombres. Es una cosa impresionante, una dependencia de lo más histérica. Yo no sé que tienen ellos, porque hay muchos momentos en los que los detesto, pero en la dinámica de mi vida, haga lo que haga, ocupada o no, en mi país, en otro, de viaje, en casa, el ritmo de mis días es marcado por mi relación con ellos.

Hablando con mis amigas, me escucho decir: "Ese tipo, ¡tiene una sonrisa! me pone como la piel de gallina cuando se me acerca, hace rato no me pasaba eso ¡es tan rico!". Y luego caigo en la cuenta de que "hace rato" es... hace 1 mes y medio. Y a mí eso me parece una eternidad, un infierno frío que dura varios años de padecimiento. Un mes y medio sin volearle pestaña a ningún tipo y yo entro en depresión.

En efecto, caigo en la cuenta de que, en mi vida de soltera, cada semana tengo una crisis existencial amorosa, y cada semana se me quita si me hago un levante. En otras palabras, puedo hacer mala cara todo un día, recibo un e-mail de un tipo invitándome a tomar algo y ya... me transformo, de Godzilla, a Heidi la niña de la pradera cantando "abuelito dime tu..", incluso si el tipo no me gusta tanto. 

Después de hacer una maestría en etología, me doy cuenta mucho más fácil de los cambios de mis expresiones faciales, de las emociones que embriagan mi cuerpo, casi nada pasa desapercibido, y gracias a eso me doy cuenta de que soy como una caricatura de reacciones. 

El otro día en un concierto, volví a ver a don monsieur encanto, un tipo con una sonrisa muy contagiosa que había visto hace un mes en otro concierto. Yo llevo toda la semana en crisis, pensando que soy asexual, que los hombres no me gustan, ni me gustarán nunca y que no me producen nada,  que mi vida amorosa es inexistente, que me reproduciré por clonación y moriré vieja, con 7 gatos. 

Luego llega este monsieur, me invita a un trago, me dice que él me da clases de guitarra... y así como por error me pasa un brazo por la cintura pa preguntarme a dónde voy cuando yo intento salir del tumulto para ir al baño.

La proximidad de su boca en mi oreja mientras hace el esfuerzo de hablarme en español (lo cual me parece muy encantador, viniendo de un monsieur), y el brazo con el que me sostuvo momentáneamente unos segundos para poder preguntar sobre mi rumbo, desencadenaron en mí una cascada de reacciones que me dejaron aturdida como una mosca el resto del concierto, como una drosophila emborrachada con éter, caminando a penas. Todas mis hipótesis sobre mi asexualidad y mi futura partenogénesis derrumbadas en medio segundo. Toda la dosis de feromona masculina necesaria para guardar la sonrisa durante tres días, tres días solamente, hasta que, o bien, vuelva a verle (como fue el caso), o no vuelva a verle y recomience mi crisis existencial y mi hipótesis de asexualidad resurja, con nuevos argumentos y re-masterizada.

Muy rara vez, se me olvida mi histeria, se me olvida el sexo, se me olvidan los hombres y voy por la calle sin importarme nada de nada, completamente tranquila, cero euforia, cero tristeza. Se podría llamar 100% felicidad. 

Esos momentos, de absoluta presencia y realización espiritual, son escasos. Son como burbujas que se rompen rápidamente viendo a una pareja en el bus, recibiendo un SMS, escuchando las historias de una amiga...  entonces salgo de la burbuja y caigo en la euforia de gustarle a un tipo, o en la desesperación de no hacerlo. 

Y así, cada vez, en un ciclo que se repite una y otra vez, me debato entre esos dos estados emocionales semana tras semana. Con Paquito, con Fulanito, con Juan.   Soy una histérica, lo sé, no me enorgullezco de ello, pero me consuela saber que no soy la única, y que si puedo reírme de ello a cada vez, reírme de mi estupidez y de mis dramas, hacer de observadora ante mis cascadas emocionales, sin ahogarme entre mis emociones,  ya es mucha la proeza.